Dios Espíritu Santo

Creemos que el Espíritu Santo es una persona y es Dios mismo, igualmente que el Padre y el Hijo. Convence al mundo de pecado, justicia y juicio; al momento de creer en Cristo, el cristiano es regenerado, sellado y bautizado por el Espíritu Santo que viene en aquel momento a morar en él para siempre. Creemos que el Espíritu Santo da dones a la Iglesia para su crecimiento y desarrollo como El quiere. Algunos de estos dones como: lenguas, sanidades y profecías (entiéndase por nuevas revelaciones) creemos que no están vigentes. Creemos que Dios sana en respuesta a la oración con o sin medios (diferentes medicamentos, operaciones, etc.) de acuerdo a su soberana voluntad. No podemos echar mano de la sanidad por fe de la misma manera en que recibimos la salvación. Cuando Dios no sana, esto no es necesariamente indicación de falta de fe ni de pecado en la vida del cristiano.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. (Juan 16-8-11)

Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (1 Corintios 12:4-7)

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. (1 Corintios 12:13)

Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12:7-9)

 

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. (Efesios 1:13)

 

Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. (Tito 3:5)

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